El estudio del delincuente está abandonado en México. Criminólogos y especialistas (2012)

De: excelsior.com.mx (click en la imagen para redireccionar la nota).

 

Especialistas debaten sobre el rezago de las ciencias que permiten identificar y prevenir la conducta de quienes delinquen.

 

La criminología en México está estancada. Desde que el doctor Alfonso Quiroz Cuarón sentó las bases de esta ciencia moderna en nuestro país, entre 1940 y 1950, ésta no ha avanzado y actualmente se encuentra en un impasse.

 

Martín Barrón Cruz, especialista del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe) advirtió que hasta la fecha no se ha logrado separar la criminología de la criminalística. La primera busca entender las causas del delito, mientras que la segunda es un conjunto de herramientas técnicas que coadyuvan a resolverlo.

 

“La criminología en México ha estado estancada por varias cosas, seguimos pensando en términos de Quiroz Cuarón y no hemos logrado distanciar criminología de criminalística, y en esta cuestión de no diferenciarlos tenemos el problema de los programas de estudio”, aseveró el especialista.

 

Quiroz Cuarón pensaba que la criminalística y la criminología se complementaban y enriquecían. Su interés por entender las conductas delincuenciales del ser humano comenzó cuando a los 15 años su padre fue asesinado en Tampico, Tamaulipas.

 

En 1939 se convirtió en el primer criminólogo graduado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 

Fernando Mancilla Miranda, profesor del diplomado de Sicología Criminal en la Facultad de Estudios Superiores (FES)Zaragoza de la UNAM, consideró que la búsqueda por la interpretación de los sucesos delincuenciales está muy atrasada.

 

“Después de los 50, el auge mayor fue en las ciencias exactas porque de ahí nacen los servicios periciales, realmente es hasta los años 80 cuando se crea la clínica de la conducta de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), porque la primera clínica de conducta fue en los años 70, en Estados Unidos, y en 2001 se crea el área de Sicología Criminal y Forense en la Procuraduría General de la República (PGR).

 

“Pero la preocupación por formar cuadros capacitados en el ámbito más humanístico de entender el delito, no sólo cómo tomar placas en lugar de hechos, sino buscar la interpretación de los hechos, en mi humilde opinión, está muy retrasada”, explicó.

 

Ciencia de policías

 

La criminología es una ciencia multidisciplinaria, cuenta con rasgos de sicología, sociología y antropología social, entre otros, y la delimita, como marco conceptual, el derecho penal.

 

Busca las causas del crimen, y su nombre fue utilizado por primera vez en 1885 por el antropólogo francés Paul Topinard.

 

Fue durante el siglo pasado cuando los perfiles criminológicos cobraron auge. El famoso modelo del FBI (Buró Federal de Investigación, por sus siglas en inglés) fue iniciado por Howard Teten en 1970; en 1971 se unió el agente Pat Mullany, para dar cursos en Estados Unidos.

 

Fue en 1972 cuando se creó la Unidad de Ciencias del Comportamiento en el FBI bajo la dirección del agente Jack Kirsch. Los perfiles realizados en este lugar alcanzaron gran popularidad gracias a libros escritos por agentes y ex agentes en donde describían los casos más relevantes que habían solucionado.

 

Pero en México la labor del criminólogo ha sido acotada a las cárceles.

 

Barrón Cruz considera desafortunado que, debido a una tradición, estos especialistas estén confinados a trabajar solamente en los reclusorios.

 

“Desafortunadamente los criminólogos estamos fuera de la investigación por varias razones, principalmente los criminólogos están en los reclusorios porque las autoridades piensan que no es útil.

 

“La realidad es otra, porque es una de las ramas fundamentales para contestar la pregunta central: ¿por qué alguien comete una conducta delictiva?”, asegura.

 

Barrón agregó: “Yo propongo en un nuevo libro: cómo se debe de hacer un perfil en la investigación que coadyuve al Ministerio Público (MP) a una investigación del delito porque en realidad casi nunca se investiga al delito, se investiga al delincuente.”

 

Aseveró que la labor de los criminólogos tendría que ser mucho más amplia y debe haber una necesidad de integrar a estos expertos en la procuración e inclusive en la administración de justicia y, dijo que su trabajo podría ser de gran ayuda en el desarrollo de los cuerpos policiacos y en la investigación.

 

Sin embargo, el sicólogo Mancilla Miranda difiere al asegurar que para realizar un perfil no se necesita ser criminólogo.

 

El especialista considera que muchos de los criminólogos no hacen perfiles, sino estudios de personalidad dentro de las prisiones.

 

“Cuando hablamos de perfiles no necesariamente tienen que ser criminólogos, porque los primeros que fueron perfilistas fueron policías en el caso del FBI.

 

“En la Dirección General de Reclusorios los asignan para hacer lo que se conoce como el estudio de personalidad, pero no quiere decir que hagan perfiles, la gran diferencia en decir un estudio de personalidad y un perfil es enorme”, aseguró.

 

Mancilla Miranda explicó que los mejores perfiladores no son los criminólogos, sino los sicólogos, ya que considera que son los únicos autorizados para hablar de la conducta humana.

 

“Yo difiero mucho, creo que el mejor perfilador, el mejor estudioso de la conducta criminal debe de ser un sicólogo, por eso nosotros en la carrera de Sicología en la FES Zaragoza implementamos en nuestro nuevo plan de estudios la materia de Sicología Jurídica y Criminología”, comentó.

 

Otro problema que los expertos identifican es la falta de homogeneidad en los planes de estudio.

 

Actualmente en México hay 19 mil alumnos inscritos en carreras relacionadas con la criminología, sin embargo cada institución tiene planes de estudio diversos y algunos de ellos obsoletos.

 

Barrón Cruz advirtió que en muchas de las escuelas los planes de estudios son vagos o inadecuados, además hay un crecimiento desmedido de escuelas, poco acreditadas, que terminan por confundir términos y metodologías.

 

“Las licenciaturas en criminología han crecido de manera exponencial, tenemos ahora en el país más de 19 mil alumnos en licenciatura de criminología, pero hay quien no separa criminología y criminalística, las carreras dan materias netamente de criminalística, bajo la carrera de criminología, entonces no hemos podido separar esto”, detalló.

 

Para Mancilla Miranda, de la FES Zaragoza, la explicación es otra. Aseguró que matrículas como la del Inacipe están repletas de profesionales de distintas ramas, quienes egresan como criminólogos y los cuales estima tienen errores frente a los sicólogos.

 

“Si se revisan las matrículas del Inacipe se encuentran criminólogos con formación de abogados, geógrafos, biólogos, médicos, sociólogos, trabajadores sociales, sicólogos, hay una gama de carreras base.

 

“Entonces, cuando tratan de estudiar la carrera de criminología lo poquito o mucho que pudieron haber aprendido durante la formación del posgrado les va a ayudar, pero ¿quién tendría la mayor cantidad de elementos teóricos y metodológicos para entender el comportamiento humano?, pues un sicólogo”, aseguró.

 

El especialista agregó que en el país ha surgido una cantidad enorme de asociaciones, escuelas o academias donde confunden la criminalística de campo con la criminología o con la sicología criminal.

 

“El gran problema de la criminología es que es una síntesis de ciencias, a diferencia de la sicología, nosotros estudiamos la conducta”, explicó.

 

Barrón Cruz, del Inacipe, explicó que el número de materias en la carrera de criminología en las instituciones de educación superior donde se imparte es excesiva, provocando que no haya homogeneidad en el plan de estudio.

 

“Yo he revisado los programas de más de 20 instituciones y tienen más de 180 materias, cuando en otras carreras hay 40 o 50 materias, no hay un cuerpo homogéneo de conocimientos, cada quien da lo que considera pertinente”, advirtió.

 

Como espectáculo

 

Decenas de programas del televisión de corte policiaco y criminalístico llegan a millones de hogares diariamente.

 

Éstas series, principalmente de origen estadunidense, intentan explicar el trabajo de abogados, fiscales, peritos, policías y perfiladores.

 

Según Mancilla Miranda dichos programas confunden a la opinión pública, aunque admite que en algunas ocasiones logran algunos acercamientos con la realidad.

 

Consideró que también han provocado el interés de jóvenes en este tipo de carreras, lo que ha sido aprovechado por instituciones de poco prestigio.

 

“Actualmente con la influencia de los programas de televisión, desde CSI hasta Mentes criminales, que es la que se acerca un poco a la sicología criminal, se pueden ver algunas partes de lo que hacen los perfiladores.

 

“Pero no entienden que un perfilador debe tener una formación académica bastante amplia, sobre todo lo que sería en manejo de personalidad, esto aunado a una serie de conocimientos judiciales”, explicó.

 

El criminólogo del Inacipe, Barrón Cruz, retomó la importancia de los criminólogos en la investigación de los delitos.

 

Partió de una hipótesis: investigar el delito y no al delincuente. Adviertió que es importante estudiar y analizar los elementos del delito para posteriormente bajar estos datos al delincuente.

 

“Tiene que investigarse el delito, no al delincuente; primero hay que tener los elementos del delito y después, cuando uno los reúna, se le puede imputar a una persona el delito.

 

“Por lo tanto, podré llevarlo a juicio para demostrar la responsabilidad del acto que cometió, por eso es importante la participación de los criminólogos”, consideró.

 

La discusión en torno a las ciencias de criminología y criminalística seguramente continuará. Los especialistas aseguraron que se invaden ámbitos de competencia. Los sicólogos incluso acusan una monopolización de estos temas por parte de los abogados.

 

Barrón Cruz, del Inacipe, afirmó que es tiempo de contribuciones y de un replanteamiento de la discplina.

 

“Ahora nos toca a nosotros replantear la disciplina y decidir hacia dónde la queremos llevar y ése es el gran reto que tiene ahora la criminología”, afirmó.

 

Forman especialistas

 

Actualmente en Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe) ofrece la maestría en Criminología y Política Criminal.

 

Algunas de las materias que se imparten son: Introducción a la criminología, Derecho penal, Métodos cuantitativos, Bases biopsicólógicas del crimen, Sociología penal, Teorías criminológicas, Derecho procesal penal, Introducción a la criminalística y Sistemas de control social del delito, entre otras.

 

En tanto, en la maestría en Criminalística los alumnos aprenden: Nociones de derecho penal, Derecho procesal penal, Medicina Forense, Criminalística, Método científico, Indicios biológicos y no biológicos, Criminalística de campo, Balística forense, Hechos de tránsito, Incendios y explosiones, Informática forense y Toxicología forense.

 

En el caso de la maestría en Criminología las materias muestran un marcado énfasis en cuestiones teóricas y la duración del posgrado es de cinco semestres.

 

En la de Criminalística se trabaja en cuestiones técnicas y la duración es de cuatro semestres.

 

En la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza, de la UNAM, se ofrece el diplomado en Investigación psicocriminodelictiva, el cual tiene una duración de un año y es posible lograr la titulación a nivel licenciatura mediante este curso.

 

El plan de estudios está más vinculado al área sicológica y en particular a la Sicología criminal, la cual trata de vincular el trabajo de investigación.

 

Los alumnos llevan nociones de Derecho penal para entender cómo el jurista determina qué es un delito, trabajan en el desarrollo de perfiles utilizando líneas de tiempo, diagramas de vínculos, mapas mentales y diagramas de procesos, además se destaca el trabajo en victimología.

 

En el Instituto de Formación Profesional (IFP) de la Procuraduría capitalina se ofrece la maestría en Criminología, aunque no se precisan cuáles son las materias impartidas en la institución.

 

No obstante, el año pasado el ex procurador, Miguel Ángel Mancera, presentó la Enciclopedia de criminología, criminalística e investigación elaborada por personal del IFP.

 

Sólo se imprimieron 400 ejemplares de la obra que busca englobar los conceptos básicos de dichas disciplinas en beneficio de los alumnos y cualquier interesado en estos temas.

 

El texto aborda los indicios o evidencias físicas producto del presunto hecho delictivo investigado y trasciende la simple descripción de elementos al dar sustento a las pruebas periciales.

 

José Luis Calva Zepeda

 

(20 de junio de 1969-11 de diciembre de 2007)

 

Bautizado por la prensa como El Caníbal de la Guerrero o El Poeta Caníbal, José Luis Calva Zepeda fue detenido el 8 de octubre de 2007 en la colonia Guerrero, en la Ciudad de México.

 

Fue capturado luego de que familiares de Alejandra Galeana, de 32 años, denunciaran su desaparición y advirtieran que sostenía una relación con Calva Zepeda.

 

Agentes de Investigación acudieron a su departamento para interrogarlo, sin embargo el sujeto se puso nervioso y saltó a la calle lesionándose.

 

En su casa fueron encontrados los restos de su ex novia en un armario y en el refrigerador.

 

Se dijo que en una sartén había carne de la víctima la cual había sido freída y consumida por el sujeto, también se le relacionó con otros dos asesinatos, aunque se presume pudo haber cometido más.

 

Escribió diez novelas, ocho obras de teatro y más de 800 poemas. Se suicidó en prisión con un cinturón. 

 

Juana Barraza Samperio

 

(27 de diciembre de 1958)

 

Conocida como La Mataviejitas o La Dama del Silencio, Juana Barraza fue una de las asesinas seriales más buscadas, luego de que comenzó a conocerse de los asesinatos de mujeres de la tercera edad en el Distrito Federal.

 

Se dedicó a la lucha libre y poseía conocimientos de enfermería.

 

El primer asesinato atribuido a Barraza fue a fines de los años 90, aunque el primer caso notorio fue del 17 de noviembre de 2003.

 

Se le atribuyen entre 42 y 48 homicidios y actualmente está sentenciada a 759 años de prisión.

 

La mujer fue detenida, por casualidad, el 25 de enero de 2006, cuando escapaba luego de cometer un asesinato.

 

Se presume que su conducta criminal deriva de una violación que sufrió en su niñez cuando su madre, que era alcohólica, a cambio de vino aceptó que tres hombres sostuvieran relaciones con ella, y se presume que su trauma crece cuando uno de sus hijos murió.

 

Higinio Sobera de la Flor, El Pelón (1928-1985)

 

El Pelón Sobera de la Flor, quien fue llamado así por su costumbre de afeitarse la cabeza, alarmó a la sociedad mexicana de los años 50.

 

Sólo se le conocieron dos víctimas, aunque existe la presunción de que pudo haber más.

 

Hijo de una acaudalada familia, Higinio Sobera de la Flor, era solapado y exculpado de sus actos, al considerarlos solamente excéntricos.

 

Su primer acto sicótico fue detonado por un incidente de tráfico cuando el capitán Armando Lepe, tío de la actriz Ana Bertha Lepe, se le cruzó.

 

El Pelón lo siguió y cuando lo alcanzó le disparó. Su familia le ordenó esconderse en un hotel, pero su deseo sexual lo llevó a cometer su segundo crimen.

 

Salió del establecimiento y secuestró a una mujer a quien asesinó y posteriormente la llevó a otro hotel donde ultrajó al cadáver.

 

Se le diagnosticó esquizofrenia y permaneció 30 años en la cárcel. Al salir era un anciano y se le podía ver alimentando patos en Xochimilco.

 

Raúl Osiel Marroquín, El Sádico (1981)

 

El Sádico cometió sus crímenes entre el 21 de enero y el 22 de diciembre de 2005 en la Ciudad de México.

 

Se le pudieron acreditar seis secuestros y cuatro asesinatos, todos en contra de integrantes de la comunidad gay.

 

Cursó un año en la escuela médico militar y permaneció cuatro más en el Ejército.

 

Sus víctimas eran personas a las que conocía en la Zona Rosa, las llevaba a su departamento donde las retenía y luego las asesinaba y sus cuerpos los guardaba en maletas, que después tiraba en la calle.

 

Sus crímenes tienen rasgos homoeróticos, aunque él aseguró ser heterosexual y dijo que secuestraba homosexuales porque le resultaba más sencillo.

 

Nunca mostró empatía por sus víctimas y cuando fue detenido advirtió que cuando saliera de prisión lo volvería a hacer ya que consideró le hizo un bien a la sociedad.

 

Tuvo un cómplice, Juan Enrique Madrid, y luego de ser arrestados, en 2006, fueron sentenciados a 128 años de prisión. 

 

César Armando Librado Legorreta, El Coqueto (1981)

 

Fue detenido entre el 17 y 18 de febrero de 2012 pero su captura se conoció hasta el 27 del mismo mes, día en que también fue anunciada su fuga.

 

Fue recapturado el 3 de marzo por agentes del Estado de México en la delegación Magdalena Contreras.

 

Está acusado ocho violaciones y siete asesinatos.

 

Trabajaba como chofer de microbús en la Ruta 2, que corre de Valle Dorado a Chapultepec, situación que aprovechaba para elegir a sus víctimas. Reconoció todos sus crímenes y no mostró remordimiento.

 

Es padre de dos niños y las personas que lo conocieron dijeron que era una persona normal, pero sus compañeros de trabajo lo calificaron como desleal.

 

Se presume que cometió necrofilia en al menos uno de los casos. El especialista Martín Barrón lo calificó como un “asesino serial mixto”.

 

No planeaba sus homicidios, seis de ellos cometidos en el Estado de México, sino que actuaba cuando veía la oportunidad. Aún no ha sido sentenciado.

 

Gregorio Goyo Cárdenas Hernández

 

(1915-1999)

 

El Estrangulador de Tacuba, Gregorio Goyo Cárdenas, es el más célebre de los asesinos seriales mexicanos.

 

Este hombre asesinó y enterró en el jardín de su casa a cuatro mujeres en un periodo de sólo 20 días.

 

Se sabe que Cárdenas sostuvo una relación complicada con su madre, quien era una mujer dominante.

 

Padeció encefalitis desde niño, lo que le provocó daño neurológico. Fue un alumno destacado de Ciencias químicas.

 

Tres de sus víctimas fueron prostitutas y la última una compañera de la escuela a la que pretendía.

 

Luego de su detención, y durante los 35 años que estuvo preso en Lecumberri y en el manicomio de La Castañeda. Se convirtió en abogado, escritor, pintor y hasta guionista de historietas. Recibió un homenaje en la Cámara de Diputados.

 

Fue indultado por el presidente Luis Echeverría Álvarez. Murió en Los Ángeles, California.

 

Francisco Guerrero Pérez, El Chalequero

 

 (¿?-1910)

 

El Chalequero, Francisco Guerrero, fue el primer asesino serial del que se tenga conocimiento en México. También fue conocido como Antonio Prida. 

 

Adquirió su mote debido a su indumentaria elegante y estrafalaria que incluía chalecos tipo charro.

 

Se presume que asesinó a 20 mujeres dedicadas a la prostitución entre 1880 y 1888. Reportes de la época advierten que era de oficio zapatero y un misógino declarado.

 

Era un psicópata que carecía de empatía a sus similares aparte de ser manipulador e iracundo.

 

Expertos suponen que sufrió rechazo materno y careció de una imagen paterna. En algunos casos decapitó a sus víctimas y a todas las tiró en el río Consulado.

 

A pesar de que fue detenido y sentenciado a muerte, el presidente Porfirio Díaz bajó su pena a 20 años al decir que sus víctimas sólo eran prostitutas. En 1904 recibió un indulto por error.


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