La inmigración no aumenta los crímenes: Estudio Universidad Carlos lll de Madrid

De: bez.es (click en la imagen para redireccionar la nota).

 

Mientras los Gobiernos de los países desarrollados reaccionan a sus problemas económicos y de seguridad tratando de aumentar las restricciones en sus fronteras, los estudios científicos echan por tierra uno de los argumentos más manidos que sustentan estas políticas, que la inmigración provoca un incremento de la delincuencia. Investigaciones realizadas en los últimos años en España, Estados Unidos y Reino Unido coinciden en rechazar esta idea.

 

César Alonso Borrego, profesor de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid, es el principal autor de un amplio estudio que demuestra que no existe una relación causal entre la inmigración y la delincuencia que se registran en España. El periodo de análisis elegido, que abarca una década, coincide con un gran aumento de la población extranjera, mientras que la criminalidad solo sumó un ligero incremento, manteniéndose en cifras bajas en comparación con el resto de Europa.

 

Los inmigrantes que menos delitos cometen son los procedentes de la Unión Europea y de Latinoamérica, lo cual hace inferir a los investigadores que el nivel educativo y la lengua son factores determinantes para su integración. “Tanto el idioma como el sustrato cultural compartido parecen jugar un papel crucial en la escasa incidencia de la inmigración en el incremento de los delitos”, comenta el experto en declaraciones a bez.es.

 

Además, en el análisis hay que tener en cuenta que los varones jóvenes son el colectivo de la población que más delinque y que entre los inmigrantes su porcentaje es mucho mayor que entre la población nativa. Desde ese punto de vista, sería lógico encontrar una mayor criminalidad entre los extranjeros y aun así la diferencia es muy poco significativa.

 

En los países de nuestro entorno hay datos parecidos. Un estudio realizado en el Reino Unido analiza diferentes oleadas de inmigración, teniendo en cuenta a los solicitantes de asilo, y destaca la falta de evidencia empírica para relacionar a los extranjeros con una mayor delincuencia. Salvo un pequeño aumento en los delitos contra la propiedad en una de las épocas analizadas, no se registran más delitos violentos ni más detenciones entre los inmigrantes que entre la población británica.

 

En Estados Unidos, donde Donald Trump trata de levantar un muro con México y de impedir la entrada de los ciudadanos de siete países, los datos de los últimos años son aún más contundentes. Una investigación muestra que la población inmigrante comete menos delitos que los estadounidenses y otra muy similar evidencia que las áreas metropolitanas con mayor población inmigrante tienen menos delincuencia.

 

Décadas de evidencias

 

Hace pocos meses se publicó uno de los estudios más completos al respecto, ya que abarca cuatro décadas, desde 1970 hasta 2010, y 200 áreas metropolitanas seleccionadas al azar. Las estadísticas indican que a lo largo de todo este amplio periodo de tiempo el aumento de la inmigración en los núcleos urbanos de Estados Unidos se relaciona con una disminución de actos de violencia, entre ellos los asesinatos, y delitos contra la propiedad, como los robos.

 

Es decir, que la presencia de población extranjera no solo no incrementa los crímenes, sino que los reduce. Los autores creen que la inmigración ayuda a revitalizar barrios deprimidos y genera crecimiento económico, lo que tiene consecuencias muy positivas para la seguridad. Los expertos dicen que se pueden encontrar decenas de estudios con datos de las últimas décadas que inciden en la misma idea. El resultado más habitual es que la inmigración no tiene ningún efecto sobre la delincuencia, pero en muchos casos incluso se correlaciona con una disminución de los crímenes.

 

La paradoja latina de Estados Unidos

 

Los especialistas llaman a este fenómeno “la paradoja latina”, porque en su mayor parte se debe a la inmigración procedente de México. Según César Alonso Borrego, que ve un paralelismo con lo que ocurre en España, los mexicanos “formaron una comunidad muy integrada que facilitó su asimilación en el país de destino”.

 

Nada tiene que ver esta realidad con la política de Trump. “Los ciudadanos en general y los políticos en particular tienen la obligación de fijarse en la evidencia proporcionada por los datos para sustentar sus argumentos”, opina el profesor de la Universidad Carlos III. “Por desgracia”, añade, “es frecuente que se utilicen situaciones que tienen un valor anecdótico pero no relevancia estadística para hacer un uso interesado de las mismas”.

 

Percepciones erróneas

 

Un ejemplo es la errónea percepción que tienen los europeos acerca de la proporción de musulmanes que residen en sus respectivos países. “Los individuos piensan que está muy por encima de la realidad y lo mismo ocurre con la proporción de delitos que creen que están cometidos por extranjeros”, comenta.

 

Aunque para percepciones que contrastan con los datos empíricos podemos volver a Estados Unidos, donde los ciudadanos están mucho más preocupados por el terrorismo que por las armas de fuego que ellos mismos poseen, a pesar de que tienen 3.210 veces más probabilidades de morir por esta segunda causa que por un ataque yihadista.

 


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