Descifrando al asesino. El perfil criminal utilizado en las policías

De: diariodeleon.es (click en la imagen para redireccionar la nota).

Victimología, pautas geográficas, modus operandi... los criminales dejan firmas con las que la investigación va componiendo un rostro, una silueta cuya precisión dependerá de los ‘errores’ que se cometan por el agresor pero, sobre todo, por la pericia con la que los inspectores compongan un rompecabezas cuyas piezas, en ocasiones, son analizadas con la pulcritud de un entomólogo.

 

«Todos somos homicidas en potencia. La pregunta que debemos hacernos es cuándo o por qué seríamos capaces de matar; si podríamos hacerlo en defensa propia, en estados de enajenación o por imprudencia…» El sargento Carlos, jefe del equipo de delitos contra las personas de la Guardia Civil de León, sabe bien de lo que habla. A lo largo de su carrera se ha especializado en la interpretación de datos que, cuando se unen, ofrecen el rostro del criminal. Porque una investigación es un mecano, un puzzle en el que el descubrimiento de una pieza lleva a otra nueva hasta que la figura, hasta que el perfil del caso se cierra como un círculo. El sargento explica que las investigaciones policiales deben ir acompañadas del uso de ciencias como la psicología criminal. «El perfil es un concepto que ha tenido gran trascendencia mediática gracias a series de televisión y que debe acompañar a disciplinas como la biología, la balística o la grafística», destaca.

 

El año 2007 fue el detonante cuando la Guardia Civil se hizo cargo de una agresión sexual a una anciana. «La mecha se encendió por la agresión sexual de una mujer de noventa años que fue agredida de manera humillante y vejatoria», explica el sargento, que añade que había detalles escabrosos que dibujaban por sí solos un arquetipo psicológico muy concreto. «Eran datos como los lugares en los que el sujeto eyaculaba o lo que hacía con la ropa de la víctima», recuerda. Todos ellos compusieron tres perfiles diferentes que se fueron moldeando con el descubrimiento de tres casos anteriores cuyas características (victimología y modus operandi) eran muy similares. «Para entonces, estaba claro que se trataba de un crimen serial», subraya. La Guardia Civil ya sabía que perseguía a un hombre de entre 45 y 50 años, violento y que se excitaba con la vejación. «Era un predador sexual pervertido y con una parafilia, la gerontofilia, muy acusada», incide el sargento, que añade que el perfil también les indicaba que no buscaba el placer sexual sino simplemente el dominio. «Eso nos llevó a pensar que podría haber estado relacionado con actividades delictivas, de vejación a la mujer, como el proxenetismo», recuerda. Además, y por los lugares y las horas a las que tenían lugar las agresiones, la Guardia Civil sabía que su actividad profesional tenía que ser autónoma y móvil.

 

En este punto, el sargento Carlos hace hincapié en una de las claves para desarrollar de manera satisfactoria un perfil psicológico: el modus operandi, la forma de comportarse del criminal. «A menudo se suele confundir con la firma —alguna acción del delincuente, común en sus ejecuciones pero que no resulta necesaria para llevarlo a cabo_. «Es un elemento puramente psicológico del asesino que aportará datos sobre su personalidad. Por ejemplo dejar una moneda sobre el cadáver», revela. El sargento pone como ejemplo el conocido como asesino de la baraja, un criminal que fue acusado de seis asesinatos y otras tres tentativas. «Junto al cadáver de su primera víctima apareció, de manera casual, un naipe de la baraja que él no había dejado. Sin embargo, y debido a la repercusión mediática que tuvo esta circunstancia, el criminal la asumió como propia y fue dejando un naipe en cada uno de sus siguientes homicidios. En este caso no podemos establecer una relación entre la personalidad del autor y esa ‘firma’ asumida como propia sin serlo», sostiene.

 

El perfil victimiológico también resulta fundamental. En este caso, esa silueta arrojaba la forma de mujeres nonagenarias que habitaban áreas rurales. Los principales sistemas para establecer perfiles son el método inductivo utilizado por el F.B.I. y el método deductivo. El método inductivo establece dos grandes grupos de criminales, organizados y desorganizados, añadiendo posteriormente un grupo mixto. El criminal organizado planifica el crimen, la víctima elegida con un criterio fijo y adapta su modus operandi por el aprendizaje de sus actos, capacidades sociales, verbales.

 

Anillos concéntricos

 

Por último, la Guardia Civil puso en marcha la teoría de los anillos concéntricos, para lo que se buscaron zonas de anclaje del posible autor. «Cuando hablamos de perfiles geográficos tenemos que referirnos a la ‘hipótesis del círculo’ ideada por el profesor de la Universidad de Liverpool David Canter. Según establece esta teoría, hay una probabilidad alta de establecer un punto de anclaje del criminal, teniendo en cuenta los dos crímenes más alejados», detalla el sargento.

 

Asimismo, añade que esta teoría proporciona a la investigación datos sobre los movimientos, comportamiento geográfico y zona de actuación del delincuente. «Cuando pusimos en juego todos estos datos nos dimos cuenta de que teníamos como área de acción la A-6», destaca.

 

El guardia civil añade que a este dato se añadía que la mayoría de las agresiones se producían en la margen izquierda de la carretera, a cinco o seis kilómetros de la principal, lo que les dio la pista de que se trataba de una persona con mucha movilidad, un viajante o un comercial. En ese preciso momento, tuvieron conocimiento de que había un individuo en prisión que cumplía todos estos requisitos. «En el pasado, había sido proxeneta, gestionaba uno de esos hostales de carretera. Además, vivía en una localidad limítrofe con la provincia que se comunicaba con los lugares de las violaciones a través de la A-6 y tenía un trabajo relacionado con el automóvil. Todo componía el perfil exacto que nosotros habíamos creado», destaca el sargento. Se procedió entonces a recoger el perfil genético, que confirmó el caso. «Una de las claves más escabrosas del caso fue el hecho de que él nos asegurara que las agresiones habían sido consentidas. Tenía un trastorno narcisista muy acusado», revela el sargento.

 

Este dato también reforzó las claves con las que se había ido modelando el semblante del violador: «la técnica del perfil criminal está basada en aspectos psicosociales del comportamiento humano a partir de las características de la víctima, la escena del crimen, los indicios forenses y la motivación del criminal», subraya el jefe de la Guardia Civil, que añade que en el caso explicado puede seguirse una pauta de grupos homogéneos de criminales que permitieron orientar la investigación. «Partimos de que un criminal, en la ejecución de sus crímenes, se comportará de manera similar a como lo hace en su vida cotidiana».


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