A qué se debe la fascinación con los asesinos en serie

De: bbc.com (click en la imagen para redireccionar la nota).

 

En Pennsburg, un municipio de apenas dos calles al este de Pensilvania, Estados Unidos, hay una pequeña casa con una colección de arte que difícilmente se podría encontrar en una galería pública.

 

Colgadas en las cuatro paredes de una habitación de la planta baja hay imágenes de lesiones y mutilaciones, de cráneos amontonados y de mujeres en posiciones de intimidad explícita. También hay cuadros de paisajes folclóricos y animales fantásticos.

 

Sin embargo, lo que hace especial a esta colección no es tanto su contenido sino su origen. Todas las obras fueron pintadas por asesinos en serie.

 

Este es el hogar de John Schwenk, quien colecciona obras de arte y artefactos de asesinos de la misma manera que otros recopilan sellos postales o películas en DVD.

 

Entre sus objetos más preciados está un retrato de John Wayne Gacy, conocido como el "Payaso asesino", quien animaba fiestas infantiles y violó y mató a al menos a 33 niños y jóvenes en Chicago durante la década de 1970.

También tiene el dibujo de un cráneo de Richard Ramírez, también conocido como el "Acosador nocturno", responsable de numerosos asesinatos y asaltos sexuales

en California en 1984 y 1985

 

En su colección hay varias piezas de Charles Manson, líder de la secta criminal la Familia Manson, que orquestó el brutal asesinato de Sharon Tate, una actriz embarazada, y otras seis personas en Los Ángeles en 1969.

 

"Amigos"

 

Así como piezas de arte, Schwenk posee miles de cartas de asesinos en serie condenados a morir, muchas de ellas dirigidas a él personalmente.

 

Los convictos le han enviado mechones de pelo, una camisa de prisión, una tarjeta de identificación de la cárcel, un conjunto de dientes falsos y otras rarezas de procedencia oscura.

 

Con algunos de ellos ha intercambiado cartas y considera a otros amigos de verdad.

 

"Estoy interesado en lo que posee alguien que es capaz de matar a otro ser humano y que lo hace en numerosas ocasiones", dice Schwenk.

 

Reconoce que uno o dos de ellos le dan "mucho miedo".

Se refiere a los que son considerados depravados sexuales no reformados.

 

La esposa de Schwenk, Stacey, sólo espera que no los liberen nunca, ya que saben dónde viven ella y su marido.

 

Conversaciones con Manson

 

Le pido a Schwenk que describa algunas de estas amistades y lo que encuentra interesante de ellas.

 

Y antes de responder, busca la grabación de una de sus muchas conversaciones telefónicas con Manson.

 

En ella, Manson le pregunta dónde está.

 

Cuando Schwenk le responde que está en su casa en Pensilvania, el famoso criminal habla primero de los amish (el grupo etnoreligioso), después salta de un tema a otro en un monólogo prácticamente incoherente.

 

Los temas abarcan el activismo ambiental, la guerra de Vietnam, su viejo hábito de meterse en casas grandes (matando a sus ocupantes), toda la gente que le debía dinero y lo que iba a hacer con ellos, y el "nuevo orden mundial".

 

En un momento dado comienza a cantar American Pie, de Don MacLean.

 

Schewnk cuenta que fue una de las conversaciones en las que más lúcido se mostró, aunque no está claro qué dice todo esto de la mente de Manson.

 

Sea como sea, el personaje resulta fascinante.

 

Cultura popular

 

El interés en el crimen y en particular en los asesinos en serie se ha convertido en algo omnipresente en la cultura popular.

 

Jack el Destripador, el asesino en serie más famoso de todos -tal vez porque nunca fue atrapado- fue inmortalizado, con considerables licencias artísticas, en cientos de novelas, cómics, películas y programas de televisión.

 

Las visitas guiadas por los lugares donde cometía sus asesinatos en el este de Londres siguen atrayendo a multitudes, especialmente las nocturnas.

 

Y la audiencia de dramas policíacos de televisión como True Detective, Dexter, The Fall y The Jinx se cuenta por millones.

 

En 2014, más de 70 millones descargaron el podcast de 12 partes Serial, que investigó el asesinato en 1999 de Hae Min Lee, una colegiala de 17 años de Baltimore, Maryland, EE.UU.

 

Anteriormente ningún podcast había superado las 5 millones de descargas.

 

Por si fuera poco, no hay ninguna señal de que el fervor se vaya a apagar.

 

En octubre pasado, el Museo de Londres expuso una colección de 600 objetos de los archivos criminales de la policía metropolitana.

 

Nunca antes había vendido tantas entradas anticipadas el museo.

 

En Washington DC, una de las atracciones familiares más populares, antes de su cierre en septiembre pasado, era el Museo del Crimen, de propiedad privada.

 

Allí se podía encontrar curiosidades como algunos trajes del "Payaso asesino" o "Pogo" y los óleos que utilizó para crear cuadros como uno que está colgado en la casa de Schwenk.

 

También estaba el viejo y oxidado escarabajo Volkswagen color arcilla en el que Ted Bundy asaltó y asesinó a decenas de mujeres jóvenes en California en la década de 1970.

 

"Frenesí"

 

Harold Schechter, quien escribe sobre crímenes reales en Estados Unidos y se especializa en asesinos en serie, llama al interés popular por el tema "una especie de histeria cultural".

 

Los asesinos en serie son responsables de menos del 1% de los homicidios en EE.UU. cada año y no más de dos docenas están "activos" en un momento dado, según las estimaciones de Scott Bonn, sociólogo y criminólogo de la Universidad de Drew (Madison, Nueva Jersey).

 

Sin embargo, nuestra fascinación por el tema excede por mucho a nuestra preocupación acerca de peligros más grandes.

 

¿Por qué creamos esta mitología en torno a estos individuos problemáticos? ¿Qué nos enseña esta fascinación acerca de sus motivaciones?

 

La histeria que rodea los asesinos en serie no es nada nuevo.

 

Los asesinos en serie y tipos de esa estirpe atrajeron atención excesiva desde la aparición de los periódicos de circulación masiva en el siglo XIX... e incluso antes.

 

Catarsis

 

Una de las explicaciones más provocativas del atractivo de los asesinos en serie es que cumplen una función social, permitiéndonos satisfacer nuestras fantasías más vengativas sin tener que actuar y, cuando el criminal es arrestado, sin tener que sentirse culpable.

 

"Son como la catarsis de lo peor de nosotros, un rayo para nuestros pensamientos más oscuros, como los comepecados de la época medieval que se llevaban los pecados de otros y al hacerlo, limpiaban la sociedad", explica Bonn.

 

También nos dan la oportunidad de sufrir la muerte a distancia, de llegar "tan cerca del abismo como es posible, sin caerse", según McCorristine.

 

Eso explica, en su opinión, la razón de que haya personas que no pueden evitar ver los videos de ejecuciones que publica ISIS, a pesar de que quizás después se arrepientan.

 

También puede explicar por qué, cuando vemos un accidente, reducimos la velocidad, tratando de ver el horror que tenemos a mano.

 

Quizás lo que nos gusta es estar aterrorizados.


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