El descuartizador de Chihuahua, un asesino en serie de tipo «trampero»

De: abc.es (click en la imagen para redireccionar la nota).

 

Andrés Ulises Castillo Villarreal es un asesino en serie «trampero», como se llama en el argot: atraía a sus víctimas hasta una casa con promesas y ofrecimientos de drogas. Luego las violaba, las mataba y las descuartizaba con una segueta. El «descuartizador de Chihuahua», como se le ha apodado, está acusado a sus 35 años de matar a tres hombres y de violar a dos más. Pero las autoridades mexicanas estudian su posible vinculación con otros 12 homicidios «con alto grado de brutalidad».

 

Las investigaciones del caso comenzaron el 17 de noviembre «con lalocalización de extremidades inferiores humanas en el patio de una casa abandonada» de la capital homónima de Chihuahua. Dos días después hallaron el cuerpo. En diciembre y en la misma localidad hallaron nuevos restos de otro cuerpo desmembrado. El tercer muerto se halló tras la confesión de Castillo Villarreal, detenido en diciembre —aunque se dio a conocer el pasado miércoles—, a quien reconoció haber enterrado en una de las habitaciones de su vivienda.

«Se les llama "asesinos tramperos" porque atraen sus víctimas hacia una casa con algún engaño, en este caso basado en las drogas posiblemente», explica el psicólogo crimilista Jorge Jiménez. El hecho de la violación previa indicaría que sería un asesino con un clarocomponente sexual, en el que el acto tiene que ser violento, con dominación y agresividad sobre la víctima.

 

Matar, una evolución

 

Pero, ¿por qué matar tras 35 años de vida? Generalmente hay un factor psicológico importante, un condicionante personal, familiar o una experiencia previa. También se puede dar una situación que añada estrés al sujeto y propicie el comportamiento homicida. Pero en este caso, además, «el abuso del alcohol o de drogas es importante», explica Jiménez. Según el experto, generaría un deterioro mental serio y a la vez influiría en su capacidad de inhibición: si se encontraba bajo los efectos de estas sustancias sería más probable que salieran a flote unos comportamientos que en un estado de plena consciencia estarían «bajo control».

 

Para los asesinos en serie, la relación entre violencia y sexualidad es muy común, dice Jiménez. Este tipo de personas aprenden durante su adolescencia que sexualidad y violencia están relacionadas y desarrollan comportamientos y fantasias de tipo violento. «Poco a poco se va desarrollando y llega un punto en el que no le es sufciente con las fantasíasy tienen que pasar a la acción». Esto explicaría, por ejemplo, las denuncias previas que pesan sobre el «descuartizador de Chihuahua» por agresión sexual. Pero a estas dos primeras víctimas, según los testimonios ofrecidos, solo les amenazó tras la violación. Matar habría sido, al final, una evolución cuando ni las fantasías ni los actos cometidos fueron suficientes para calmar sus necesidades, opina el psicólogo criminalista.

 

Mientras, algunos medios mexicanos han apuntado a la existencia dejuguetes infantiles junto a los cuerpos de sus víctimas y Castillo Villarreal ha alegado durante los interrogatorios que durante su infancia sufrió abusos sexuales. «Eso ni justifica ni tiene por qué tener relación con los asesinatos cometidos. Solo una agresión así no genera este tipo de conducta», defiende Jiménez. No obstante, continúa el experto, de confirmarse la relación de los carritos infantiles hallados con el asesino confeso, sí podría apuntar a una necesidad psicológica vinculada con la infancia.

 

La firma, un elemento «cinematográfico»

 

La «firma» de los asesinos en serie es una característica más cinematográfica que real, tal y como son entendidas popularmente, explica el psicólogo criminalista Jorge Jiménez. Aunque se han podido conocer casos como el del español «asesino de la baraja», cuando se ha dado se debía más a un componente narcisista de la personalidad del asesino en particular que a lo que se conoce a nivel técnico como la «firma» de un crimen.

 

«La firma se relaciona con la motivación del asesino. En la realidad no encontramos muchos asesinos que dejen una carta. Una firma sería, por ejemplo, la furia: si el asesino necesita golpear a su víctima más allá de lo necesario o si estrangula a sus víctimas porque necesitara el contacto físico, ver como se le escapa la vida y sentir como tiene poder», asegura el experto.

 


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