"El salvador debe crear un instituto criminológico": Investigador de la Universidad de Arizona

De: laprensagrafica.com (click en la imagen para redireccionar la nota).

 

Charles Katz es parte de un equipo de especialistas en criminología de la Universidad Estatal de Arizona, Estados Unidos, que se encuentra en el país invitado por el Gobierno salvadoreño para intercambiar experiencias sobre el papel de la academia en el combate a la violencia. Ayer el equipo participó en una reunión del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana para plantearle la necesidad de crear un instituto especializado en criminología. Además, tiene agendada una reunión con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para compartir algunas investigaciones de violencia escolar en la región. Un día antes, Katz habló con LA PRENSA GRÁFICA sobre su experiencia en el tema.


¿Cuál es la experiencia de la Universidad Estatal de Arizona en analizar la violencia en la región?


Mucho de nuestro trabajo tiene que ver con organizaciones internacionales como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Organización de Estados Americanos (OEA) y países de Latinoamérica tratando de comprender los problemas más sustanciales. Identificamos esas áreas y luego trabajamos con las comunidades. A través de eso nos involucramos mucho en la investigación práctica, aplicada específicamente en una situación determinada.


La idea es entrenar en la comunidad esta investigación para poder comprender cuáles son los temas y trabajar con personas importantes para poder diagnosticar.


En el Caribe, por ejemplo, ha habido un problema sustancial en el tema de violencia, así como lo hay en el Triángulo Norte de Centroamérica.


¿Cuál es el diagnóstico para El Salvador a partir de esa experiencia en el país?


Hace seis años iniciamos el trabajo en El Salvador para tratar de comprender la violencia en este país.

Ese trabajo nos ha llevado a otros proyectos, como los jóvenes en riesgo en escuelas, la falta de empleo juvenil, el análisis de la tregua entre pandillas. Hemos pasado seis años trabajando esos temas con académicos y gente que tiene a cargo el diseño de políticas públicas.


Una de las cosas que hemos llegado a comprender es que hay un lugar muy relevante para las universidades en contribuir a la solución de estos problemas relacionados con violencia.


¿Cuál es el papel que deberían jugar las universidades salvadoreñas en ese tema? Acá a nadie se le ocurre consultar con la academia una política pública.


Hay un modelo bastante tradicional de las universidades en El Salvador. Nos hemos dado cuenta de que muchos académicos se quedan en la universidad. Eso es algo que también sucede en Estados Unidos.

El enfoque de la Universidad Estatal de Arizona es que tenemos que comprender y ser parte de la comunidad.

Creemos que hay una oportunidad de las universidades aquí de colaborar para lograr soluciones a los problemas.


¿Cómo?


El Salvador debe crear un instituto criminológico que esté formado por varias universidades, estatales y privadas, para que puedan analizar las medidas a tomar. Sabemos que unas estrategias pueden empeorar situaciones. En Estados Unidos, por ejemplo, ahora conocemos desde hace 40 años o más que la vigilancia esporádica de policías, los patrullajes, no tienen impacto ni en la percepción ciudadana. Eso no cambia actitudes acerca de seguridad.


Aunque la investigación nos dice que esa acción no tiene impacto, aún continuamos haciéndolo en EUA porque la gente cree que así se deben hacer las cosas. La parte negativa de esto es que se mueven recursos a donde no se necesitan.


Ahora sabemos que hay que enfocarse en áreas, horarios o personas específicas. Probablemente en algunos lugares en EUA podemos tener 60 % de los recursos invertidos en algo no tan eficiente. Esas creencias han estado arraigadas desde hace mucho tiempo y son difíciles de quitar.


Ese es un ejemplo de un problema grande.


Hay formas en que académicos y quienes elaboran las políticas pueden trabajar juntos y tomar pequeños mordiscos de ese elefante grande.


¿Cómo debe ocurrir ese acercamiento? Rara vez se junta el Gobierno con la academia.


El Gobierno y las universidades tienden a ser organismos bastante conservadores. A veces se vuelve difícil que trabajen juntos. Una de las razones es que son organismos que trabajan en esferas distintas. Los que hacen las políticas trabajan con temas reales. A veces los académicos vivimos en un mundo distinto.


Hay una responsabilidad de la universidad de dejar ese contexto y de unirse a los problemas reales.


Hay un espacio en que las universidades se adaptan a quienes desarrollan las políticas, porque son necesidades reales.


A muchos profesores les interesa trabajar con quienes hacen las políticas porque pueden trabajar con datos basados en la realidad. No se trata de hacer un cambio total, pero sí un cambio significativo empezando con un pequeño grupo y que después se expanda.


¿Quién debe dar ese primer paso para acercarse y trabajar juntos?


Es una decisión conjunta. Esta no es una alianza para darse la mano y tomarse la foto. Es una alianza que debe crecer y desarrollarse de forma conjunta.


Se corre el riesgo de que ese instituto no genere confianza, por la costumbre en el país de politizar todo...

Eso hace a El Salvador único. Es más pronunciado acá que en el resto de países. Esa es una de las razones que hacen necesario un instituto que tenga a varias universidades y que incluya a gente de varios criterios.


¿Cuáles criterios?


Deben de ser profesionales apolíticos, o al menos que no expresen públicamente su afinidad por un partido político al punto que pueda volverse un problema. La objetividad es muy importante, que su afiliación política no interfiera. Gente con alta credibilidad y confianza de parte de los tomadores de decisión y distintos partidos políticos.


Hablamos de líderes comunitarios, ONG internacionales y miembros de la sociedad civil. El ciudadano promedio tiene que confiar en este tipo de personas.


En resumen: los miembros del instituto deben generar confianza en la gente, sin expresión o afiliación política y tener conocimiento técnico en temas relacionados con la criminología y violencia. Todo eso para poder realizar investigaciones que no tengan una tendencia política.


¿Hablamos de un centro capaz de diagnosticar con datos científicos la violencia?


Existe una información muy limitada sobre cuáles son los orígenes y causas de la violencia en el país. Por eso debe surgir una investigación científica que aporte y evalúe las estrategias que pretenden impulsar los tomadores de decisión.


Ahora que menciona estrategias para combatir la violencia, el ensayo más reciente en el país que permitió bajar drásticamente los homicidios fue la tregua entre pandillas. ¿Cómo evalúa esa medida?

Precisamente el rol de la academia es investigar cuáles son las fortalezas, potencial de éxito o fracaso de una estrategia como esa. Las universidades podemos jugar en esto un papel muy especial y único. Nunca hay algo que es puramente bueno o malo. Hay un dicho en inglés que dice que no hay una bala de plata que resuelva los problemas.


Además, se deben analizar las posibles consecuencias no intencionadas que pudiera tener una medida. Todo es tema de investigación. La academia puede proporcionar información, cuál es la consecuencia a corto y mediano plazo. El rol de las universidades, precisamente, es ser un actor activo en este tipo de decisiones.

Además de la reunión con el Consejo de Seguridad, también tienen en agenda un encuentro con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el país. ¿Cuál es el propósito?


Tratar temas sobre violencia en centros escolares y algunos ejemplos que hemos trabajado en escuelas basados en investigación y datos.


¿Cómo se combate la violencia en los centros escolares?


Una de las pocas cosas que conocemos sobre cómo tratar el tema de violencia en las escuelas es que se necesita una respuesta focalizada y tiene que ser específicamente diseñada para la gente de la escuela y de alrededor de la escuela. Además, se debe evaluar a la dirección de cada centro escolar y su capacidad de tratar el problema.


Desde hace 30 años nos hemos enterado de que hay unas estrategias más efectivas que otras.

Una de esas es evaluar los problemas de una escuela en particular y en una comunidad para poder crear una respuesta específica para ese centro en particular.


Si usted impulsa la misma medida para todos los centros escolares de El Salvador, pueda que funcione en unas, pero no en todas. Ni siquiera en la mayoría. Es el equivalente a tratar todo tipo de cáncer con una quimioterapia única.


Tenemos que enfocar las soluciones de las escuelas con precisión láser. Diseñadas específicamente para cada centro escolar, según su contexto y problemas.


Nuestro problema de violencia con las escuelas no es solo de pandillas, pero sí es un caso grave. ¿Cómo se maneja ese acoso de pandilleros en los centros escolares?


Sabemos que en algunas escuelas puede haber un problema de una pandilla, pero puede haber otra escuela que involucre a deportados que pueda alterar la comunidad, por eso es necesario estudiar cada caso en específico.

Nosotros le hemos apostado casi por completo al patrullaje de militares y policías frente a las escuelas. ¿Qué tan funcional es esa estrategia?


Esa es una estrategia muy común en muchos países. Contribuye en la sensación de seguridad para el padre de familia a la hora de enviar a su hijo a la escuela, por eso puede ser algo acertado para unas escuelas, pero no podemos creer que es la solución para todas, porque pueda ser que para otras no funcione.


Sin embargo, en áreas donde hay mucho miedo puede ser necesario.


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